Libres como el aire: la llegada del pueblo gitano a España

Libres como el aire, libres como el viento…
Las llamas de la hoguera crepitan en la noche. Un anciano de barba blanca, cubierto con una manta raída, alza la mirada hacia el cielo estrellado. “Hemos llegado lejos”, murmura. A su alrededor, la caravana descansa tras otra jornada de camino. No tienen mapas ni fronteras, solo el instinto que les dice que aún hay más por recorrer.

El comienzo de un viaje eterno

Cuenta la historia que el pueblo gitano nació en la lejana India, en algún rincón del Punjab o el Rajastán. No eran conquistadores ni ejércitos, sino familias enteras que emprendieron un viaje sin billete de regreso. Durante siglos, sus pies recorrieron Persia, Armenia, el Imperio Bizantino… Y cada parada les dejaba un nuevo idioma en la boca, una nueva canción en el alma.

Cruzaron los Balcanes, llegaron a las tierras de Hungría y Francia. Algunos se quedaron en el camino, otros siguieron adelante. Y un día, allá por el siglo XV, sus caravanas aparecieron en la península ibérica, siguiendo los vientos que siempre les habían guiado.

La llegada a España: un nuevo hogar

Los documentos nos dicen que fue en 1425 cuando Alfonso V de Aragón otorgó un salvoconducto a un grupo de egipcianos —nombre que se les daba por creer erróneamente que venían de Egipto— para recorrer sus tierras sin problemas. Y así lo hicieron.

Los gitanos entraron en España como lo habían hecho en otros países: con sus tiendas de campaña, sus burros cargados y su música que hipnotizaba a quienes la escuchaban. En los mercados ofrecían sus habilidades como herreros, caldereros y comerciantes. Sus mujeres leían la fortuna en las líneas de la mano y sus jóvenes bailaban al son de guitarras y palmas.

Por un tiempo, fueron bien recibidos. Eran una novedad, una rareza exótica en una tierra donde ya convivían cristianos, musulmanes y judíos. Pero pronto, la desconfianza se convirtió en persecución.

La lucha por la libertad

Ser libres tenía un precio. El pueblo gitano no se sometía fácilmente a las normas impuestas por los reyes y la Iglesia. No querían vivir atados a un solo lugar, ni pagar impuestos a señores que no reconocían. Eso los convirtió en un problema para el poder.

A partir del siglo XVI, comenzaron las primeras leyes para controlar a los gitanos: se les prohibió hablar su lengua, vestir a su manera y moverse libremente. Pero ellos resistieron. Se escondieron en los caminos, en los montes, en las sombras de las ciudades.

"Caravanas, caravanas de gitanos,"
"llevan los pies sucios,"
"llevan su mundo en las manos." "

A pesar de todo, siguieron adelante. Sus caravanas continuaron su camino, dejando huellas en la historia de España, mezclando su sangre y su cultura con la tierra que, aunque hostil, también era suya.

Continua…